Era el monumento que se destinaba a señalar la presencia de los portugueses y los derechos de posesión de Portugal. Símbolos no solo de superioridad y dominio político, sino también de consagración de dicha tierra a Dios y a la Iglesia.
Monumento esculpido con las armas reales usadas desde Don João II a Don Sebastián; coronado por una cruz, es empujado con el apoyo de cuerdas por Antonio de Abreu, Diogo Cão y Bartolomé Díaz, los mareantes (navegadores) que primero asentaron estos marcos de piedra a lo largo de la costa sudoeste y sudeste africana.